Historia

Revolución del 34

Cuando en octubre de 1934 estalló la insurrección obrera en Asturias, el gobierno republicano autorizó al general Francisco Franco el uso de la fuerza para terminar con la revolución en Asturias. La legión desembarcó en Gijón y las represalias en todas las comarcas sublevadas fue de extrema crueldad. Franco se impuso con firmeza y mano dura. Quería dejar el mensaje, a posibles revueltas, que todo levantamiento sobre la República sería contestado con fuego, dolor y sobre todo muerte.

Desfile del 14 de abril 1936

El 14 de abril de 1936 se celebró el último desfile del día de la República por las calles de Gijón. En esta ocasión y gracias a las aportaciones de particulares, se le entregaría al coronel Pinilla la bandera del regimiento Simancas.

Estalla la guerra

Durante las primeras semanas de la guerra, Gijón tuvo una gran importancia en el frente norte. Tras el levantamiento de Oviedo, Gijón era un enclave primordial que serviría como entrada por vía marítima de tropas y suministros, para consolidar el alzamiento en Asturias y todo el frente norte.
A las 5:15h de la madrugada del 20 de Julio de 1936, desde el cuartel de Simancas, se disparan varios proyectiles de mortero, anunciando la salida de las tropas al resto de los cuarteles de Gijón y el inicio de las hostilidades en la ciudad. La señal es contestada con las sirenas de la fabricas y barcos para alertar a la población que el conflicto armado había empezado.

Bombardeo Naval

Sobre las 07:35h del 29 de julio, la silueta el crucero “Almirante Cervera” se hizo visible desde la costa, enseguida se puso en contacto con los cuarteles para saber su situación. Una vez que estos solicitaron al crucero que abriera fuego, el “Cervera” se prepara para disparar. Sobre las 10:06h del 29 de julio, las posiciones republicanas en el Cerro de Santa Catalina, el Ayuntamiento, la Casa del Pueblo, el cuartel de asalto y la plaza de toros, son abatidas por los disparos del “Cervera”.
La Casa del Pueblo estaba situada en lo que hoy es el edificio de la sindical y el cuartel de las tropas de asalto en el antiguo instituto Jovellanos.

Bombardeo Aéreo

El 14 de agosto, una escuadrilla compuesta por tres aviones Dragón Rapide “De Havilland DH-89” del grupo de Ansaldo y con base en la Virgen del Camino, bombardeó en dos ocasiones la ciudad, convirtiéndolo en día más trágico en la historia de Gijón. Estos aviones fueron donados por la alta aristocracia inglesa, de inmediato fueron adaptados para el bombardeo y puestos en servicio.
Las bombas “Hispania A-5” de 12 kilos impactaron en el mercado de la calle Jovellanos, el cuartel de la Guardia Civil, el cuartel de las tropas de Asalto, en la calle los Moros frente a la emisora de Radio Gijón, paseo Juan Alvargonzález, en una casa próxima al Teatro Robledo, en la calle Corrida, calle Cabrales, Hospital de la Caridad y la estación de ferrocarril de Langreo. En total se arrojaron unas 60 bombas. Una de las bombas impactó de lleno en la estación de ferrocarril del Langreo, acabando con la vida de 54 personas. Por la tarde, esos mismos aviones
regresaron a la ciudad ametrallando la población y dejando caer bombas en el paseo de Alvargonzález, las proximidades del Hospital de la caridad y el teatro Robledo, causando varios muertos y numerosos heridos.
Gijón sería la ciudad del norte de España más bombardeada por la aviación de la Legión Cóndor.

Caída de los cuarteles

A las 06:00h del 21 de agosto de 1936, da comienzo el asalto definitivo contra el cuartel de Simancas. Los desperfectos causados por las piezas del 155mm eran considerables y el edificio ya era una ruina.
A las 09:00h, un disparo del cañón de Ceares, junto con un bombardeo aéreo, incendia la parte superior del edificio y el fuego se propaga con rapidez. Se bajan los cañones del segundo piso y se instalan en el primero, pero allí su fuego es ineficaz.
Esto lo pudo observar el “Cervera” cuando regresó a la costa gijonesa sobre las 09:00h. Las milicias siguen penetrando en el cuartel y cada vez encuentran menos resistencia.
El humo hace que la atmósfera dentro del Simancas sea irrespirable. Los heridos son sacados por un boquete en el techo del sótano, pero muchos de ellos -casi todos graves- fallecerían en cuestión de horas, al igual que la mayoría de los soldados y oficiales sublevados.

Toma de Gijón

La moral en las tropas republicanas a mediados de octubre de 1937 era baja y los mandos, junto a sus líderes políticos, sólo pensaban en huir de Gijón como fuera.
La caída de Gijón supuso un verdadero caos para los que intentaban huir, no había embarcaciones para todos y el poder de la fuerza bruta se hizo notar en el puerto del Musel durante los días 20 y 21 de octubre.
La gente empezó a utilizar armas de fuego para conseguir plaza en alguna de las escasas embarcaciones que conseguían salir. Los papeles para el embarque carecían de valor, el único billete para el exilio era el uso de la fuerza. La gente sabía que su supervivencia dependía exclusivamente de subirse a esos barcos, de lo contrario su futuro sería funesto.
Todas las iglesias del municipio fueron destruidas, así como los cuarteles militares del El Coto y de Simancas. Calles, aceras, edificios públicos y privados fueron afectados por el mayor bombardeo aéreo y naval que el ejército franquista efectuó sobre una ciudad durante la campaña del Norte. Mucho más que en las ciudades y pueblos vascos o cántabros. Pero este dato nunca llegaría a los libros de historia.

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